Día 64, faltan 301. Miércoles 23 de agosto

Gonzalo Bernal Orellana. Así se llamaba mi papá.
Hoy estuviera cumpliendo 74 años de edad, pero no voy a echarle a perder el día a mis lectores con un relato triste, no, voy a recordar hoy algunas cosas de las que más me gustaban de él y que heredé, en algunos casos más intensas que en otros.
Mi Pai disfrutaba mucho de nosotros sus hijos, pero especialmente de mis 3 hermanas, nunca olvidaré como las dos más chiquitas, Margot y Luisa Helena, entraban a toda carrera a su cuarto los fines de semana y saltaban sin ninguna compasión sobre su humanidad para aplastarlo, más atrás venía Luisa Eugenia y se convertía en la cereza de aquella torta de cariño puro, mientras yo, como si aquello no fuese poco, le hacía cosquillas en la barriga. Mi papi no ponía ninguna resistencia, por el contrario, lo que hacía era reírse a carcajada limpia, como si aquella tortura, fuera lo mejor del mundo; yo no tuve 4 hijos, pero si hay una vaina que me gusta es que mi hija me maltrate, es decir, la dejo torturarme de vez en cuando, mientras saboteo la serie que ella y mi esposa miran en la tele para yo poner mi juego de béisbol, mis carcajadas, me recuerdan a las de mi Pai.
Siempre tenía un juego, un invento o una actividad que hacer, le encantaba estar ocupado en algún proyecto, cuando Isabel su primera nieta, cumplió los 4 añitos, viendo lo mucho que a ella le gustaba columpiarse en el parque, decidió hacerle un parque en su jardín y así nació el proyecto del avión-cohete, mi viejo construyó un  verdadero avión y con  cuerdas lo aseguró a las ramas de los árboles, con su nieta montada en él, se pasaba horas empujándola, cada cierto tiempo, el abuelo o "agüelo" como lo llamaba ella, le preguntaba: ¿Pa' la luna? Y ella feliz gritaba ¡Pa' la luna!
Así quería recordarlo hoy.
¡Feliz cumpleaños papi!

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