Día 2, faltan 364.

Si pretenden publicar una página web, les sugiero que eviten a toda costa a Google, sus "paso a paso" se parecen al sistema migratorio de las Estados Unidos, lees por 3 horas, 20 mil formas y clics y al final, no entiendes un coño y la pinche página aún no existe, de todas formas, avancé a paso de vencedores hasta que llegué a un callejón sin salido: "El botón que usted anda buscando, no lo hemos terminado".
Ahí se vino abajo mi humor y mi determinación, lo cual representaba un problema, porque tenía que hacer una llamada al banco... Uff. Pobre de aquel que osara atender la llamada del chihuahua de Arlington si éste estaba de mal humor, más sin embargo y esto tiene que ser evidencia de que por fin, luego de 49 extenuantes años, debo estar empezando a madurar ciertas cosas, como por ejemplo; el empleado del banco no es el dueño del banco, probablemente odie su trabajo y no tiene el poder para resolver todos los problemas que para empezar, no causó él.
Fui una seda.
Mis pensamientos fueron clarísimos, expuse mi problema con proverbial nitidez, mi inglés fluyó sheskperianamente y al final, todo fueron sonrisas con Latrel, si es que así se escribe el nombre de la amable señora. Resultado: problema resuelto.
Me sentí diferente, me felicité, mi miré en el espejo y estaba un par de centímetros más alto, me tiré un par de besitos a mí mismo y me dispuse a almorzar viendo el juego de béisbol, entonces se vino todo abajo.
Max Scherzer pichaba un No Hit No Run, es el octavo, hay 1 out y fue cuando un don nadie de las sardinas de Hialeah, bateó un podrido que se le salió del guante al propio Max y se convirtió en un infield hit, superé el golpe, me dije; "Así es el béisbol".
Nada me preparó para lo que siguió.
Con dos outs y corredor en segunda, un inócuo, rodado al shortstop terminó en error y el juego terminó en derrota de Washington y Max Scherzer.
¡Cómo carajo puede un profesional en cualquier vaina, hacer la misma cosas 1 millón de veces y poner la torta de esa manera! ¡Carajo no es tan jodido!
Pero mi incontrolable arrechera terminó por sentarme de nuevo frente a la computadora y con mis ideas enrredadas entre béisbol, Venezuela, Trump y la pelazón, literalmente le caí a patadas a la página web y avancé, ya no a paso de vencedores, sino montado en un ferrocarril sin frenos.
Claro, insulté al shortstop y me insultaba a mí mismo por haber hecho las mismas pendejadas una y otra vez sin llegar a nada.
¡No joda! Casi grito "Eureka".
Quedó comprobado una vez más que necesito terapia y que el béisbol es perfecto, claro, lo hizo Dios y luego creó al pinche hombre para que lo jugara.


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