Día 16, faltan 350

Un día de silencio este, el silencio es una vaina complicada, porque si hay un peo armado, bueno, puedes decir lo que te de la gana y habrá quien oiga y quien no, pero en medio del silencio es diferente, hay que medir con mucha puntería lo que se va a decir, sino, te jodiste. Como decía El Último de la Fila: si lo que tienes que decir, no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir.
El silencio tiene un montón de razones, buenas y malas, pero siempre es incómodo, el silencio implica espera, significa pausa, duda, coño, las vainas que más me fastidian en la vida, pero casi a los 50 he decidido que voy a voltear la tortilla al silencio, voy a usarlo para una vaina útil, aunque el que me conozca sabe que quedarme callado no está entre las cosas que sé hacer. Pero no voy a romper más los silencios, me los voy a vacilar, pero el silencio que viví hoy, me hizo recordar las veces que me he quedado callado, que son muchas después de todo o mejor dicho, las veces que me han dejado  callado.
Mi papá cuando me cachó una mentira gigante me armó uno indescriptible y yo no pude decir palabra, una novia que quise mucho me mandó pal' carajo y mientras lo hacía, yo como una estatua, algún jefe que tuve me formó un escándalo y yo, ni pío dije, es decir, en el caso de los habladores de pendejadas profesionales, el silencio siempre es signo de derrota, rendición, pérdida.
Pero también tuve silencios buenos, como cuando pasé 2 horas escuchando un disco de Sinatra con uno de mis mejores amigos y no quise interrumpirlo con alguna tontería, silencio y Sinatra, y Black Label, claro.
El silencio de hoy me sirvió para escribir esta vaina, así que útil fue. Coño, me tomó 49 años y 15 días entenderlo, bueno, más vale tarde que nunca.
Ahora cállense todos.

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