Día 19, faltan 347
Otro día de carretera, esta vez, rompimos nuestro récord de tiempo al llegar a casa en apenas... ¡7 horas!
Cruzamos Massachusetts, Connecticut, Nueva York y Delaware sin ningún problema, pero al llegar a pinche Maryland, ahí todo se fue a la mierda, como siempre y nos agarró una cola que se extendió a DC, la cereza en el tope del helado, trancado como sisi fuera lunes por la mañana.
No importa porta a qué hora, ni qué día intentes cruzar Maryland, siempre, pero coño, siempre habrá cola, como mis 3 reí as venían dormidas, me puse a pensar en pendejadas, cosa que no me cuesta mucho la verdad.
¿Dónde se forma tú cola mental? ¿En qué punto, de lo que sea que hagas, se detiene el tránsito libre y se te apilonan las ideas?
¡Uffff!
Yo en lo particular, sé cómo empiezan las historias y puedo imaginarme perfectamente cómo terminan, la vaina es poner todo lo que va en el medio, en mi caso, hasta sueño con las cosas que hay que hacer, tengo escenas dispersas en mi mente, la cosa es que me cuesta un mundo enlazarlas y no hablo de historias, cuentos, novelas o shows de TV, no joda, ir al pinche supermercado con este cerebro de castor que tengo es una proeza y créanme, nunca traigo todas las vainas, en más, si llego con lo que fui a buscar, hay que celebrar.
Eso define a los soñadores, no somos capaces muchas veces de conectar los puntos para dibujar un círculo o un cuadrado, coño y está todo frente a uno y nada, creo que deberían agregarnos a la lista de personas con discapacidades mentales y no es que no hagamos nada, sino que tardamos más.
Atrapado en una miserable autopista de Maryland me puse a cavilar entonces en las razones de la cola, uno pierde energía, tiempo, hasta se enferma por las arrecheras y de repente, la cola desaparece, no quedan rastros del por qué se formó y muchos, yo incluído, en vez de alegrarnos de que se acabó, nos arrechamos aún más por eso, es como si quisiéramos ver una escena dantesca de zombis o monstruos galáctcos encoñetando a la gente en los carros para decir: "¡Ah, coño, con razón!
Es la misma actitud con esas cosas que nos cuesta tanto completar, sorpresivamente, las vainas que sabemos, como el principio y el final, comienzan a volverse horribles, a tener tufo a error para justificar que no somos capaces de unir los cuatro punticos del cuadradito.
Carajo, he estado ahí un millón de veces.
¡No más!
Me sentí como un verdadero pendejo y mi esposa no podía creer que sonreía en la cola, pero no tenía nada que ver con Maryland, sino con mi cabeza.
No es que voy a recomendarles que se metan al carro y manejen como loquitos, en la hora pico, para que puedan tener esta epifanía, no joda, pero y aunque no pueda garantizarlo, voy a aprovechar mis facultades para eliminar las trancas de mi mente, no hay nada que hacer al respecto de las calles de Washington, DC, esas seguirán jodidas para siempre.



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