Día 26, faltan 340

Uno es lo que es, no es otra vaina, no es que podemos cambiarlo todo, así cambies de país, idioma, nombre, imagen o sexos, hay un núcleo, una composición casi genética, que te hace quien eres, punto. Bueno hoy esa composición genética mía, se desbordó completamente al estar rodeado de venezolanos,
¡Coño, cómo extrañaba ese sentimiento!
Y no lo sabía, es decir, uno se acopla, sin duda cambia y quiere al lugar que le sirve de hogar, pero las raíces están ahí, agazapadas carajo, esperando para hacerte llorar como un pendejo cuando la tierra de Papi y Mami llama, no joda, pasé todo el día llorando, porque es muy jodido no hacerlo cuando el entusiasmo de una masa, con la que te identificas, te agarra con fuerza.
Estuve a punto de pedirle ayuda al señor Jameson, pero me controlé para poder participar en el escrutinio de la consulta popular aquí en Washington.
Y es que no son excluyentes, coño, uno es emigrante, en esta gran nación a la que ahora orgullosamente pertenezco, los Estados Unidos de América, no es un requisito, ni una exigencia, que olvides de dónde vienes, es más, mientras mantengas vivas tus raíces, más fuerte la haces, pero entre tanta noticia mala, la desesperación de no poder estar en el frente de batalla con los carajitos de escudo y la distancia, uno comienza a defenderse para poder seguir adelante, y la defensa más común y mala además, es desconectarte del día a día, para poder tener un día a día donde estás.
Cuando me auto diagnostiqué con el Síndrome del Hombre Araña, buena parte de los disparadores de mis ataques, estaban relacionados con el cordón umbilical pegado y estirado al máximo a Venezuela; yo sabía cómo estaba el tráfico en Caracas, pero no en Washington, pasaba todo el día escuchando la radio venezolana, la televisión venezolana y hablando venezolano en las redes sociales, con terapia whisquicística y jornadas de arrecheras incontrolables, pude poco a poco alcanzar un balance que hice más sólido con el tiempo, después de pinches 10 años, ya construí una vida aquí, al punto de que soy ídolo de multitudes no joda, como dije en otra publicación.
Ya puedo dejar salir mi venezolano (Arrecho además) sin temor a regresar a la época de enmascarado.
Tanto que he decidido escribir un "infomercial" para ofrecer mis servicios de coach:
"Si usted siente que puede treparse a las paredes, si amaneció desnudo en una calle solitaria y no recuerda cómo coño llegó allí... ¡No luche más!
Usted sufre de SDHA.
Llame a Gonzo, coach de vida".
Hay remisión hermanos, para muestra, una imagen de cómo me fui a dormir y lo hice como un bebé.
¡Viva Venezuela no joda!




Comentarios

Entradas populares