Día 30, faltan 336

Fui a un evento de Networking que a ratos pareció más de Nethunting y es que el entorno tiene una influencia decisiva sobre cualquier cosa que hagas y no es que crea que uno no pueda cerrar un negocio en un partido de béisbol o conocer a un potencial cliente de tu empresa en un antro de la ciudad, creo que el sitio elegido para el evento en cuestión era demasiado Rumberístico y había gente que fue allí por muchas otras razones diferentes a encontrar posibles clientes o inversionistas, pero bueno, qué carajo, al cuerpo hay que darle lo que pida y uno va a lo que va, malo es que se te enrede la vaina, pero coño, a los 49 esa posibilidad ya está leeeeeeejjjjjoooooossss.
Pero no puedo evitar disfrutar de observar a los demás y lo peor de todo es que con mi mente cochina, me hago la película entera de lo que los personajes en cuestión pueden hacer después que salgan de cámara.
Había de todo; galanes, heroínas, cougars, inocentes y por supuesto, villanos y villanas y todos hacían sus partes a la perfección, sí había gente tratando de hacer negocios, sin duda, pero pronto, los demás dramas terminaron por acaparar mi atención, coño, es que es más divertido.
Lo cierto es que nuestro evento de Networking produjo varias cosas, un chance de trabajar con un nuevo canal online, un contacto en una asociación de mujeres que trabaja por la democracia, una posible alianza con jóvenes productores audiovisuales y la posibilidad de realizar el primer Torneo Invitacional de Dominó de Venezolanos en Virginia.
Y es que, como dije antes, uno va a lo que va y por ende, consigues lo que vas a buscar si tienes suerte y si dices lo que tienes que decir.
Cuando ya sentí que había exprimido la utilidad de la ocasión, pude observar mi entorno y una vaina llamó poderosamente mi atención: sobre una solitaria repisa del bar, abajo, aislada y olvidada, descansaba una hermosísima, sexy y tentadora botella de Ron Aniversario...
¡Coño, se jodió el evento de Networking!
Sólo me tomé uno, en las rocas con conchita de limón. ¡Dios!
Entre las memorias de ratos agradables y buenos amigos, más los cuentos de algunos personajes de la noche de Washington, entre los que destacaba el de una atractivísima paisana venezolana que había ido de talla 8 a talla 2, terminé por pasar un buen rato en el sitio.
Luego la vaina se echó a perder porque al lado, en el mismo local, había un ambiente en el que se contaminaba el ambiente con un estruendoso reggetón. ¡Coño, demasiado para mi!
Pero bueno, me imagino que si quiero ser más famoso tendré que acostumbrarme no sólo al reggetón, sino a los personajes variopintos que pululan allá afuera.
Hora de perder mi inocencia... (Tranquila mi amor, sólo me refiero al pinche reggetón) 


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