Día 39, faltan 327
Es muy difícil concentrarse cuando se tiene la cabeza en un sitio y el cuerpo en otro, es de hecho, muy arrecho, la verdad, no sé se si puede hacer, sin embargo no me quedó más remedio que intentarlo.
Toqué con La Única en un lugar en el estado de Maryland y como siempre, la música vino al rescate de mi integridad mental. Entre que teníamos un sonido genialmente controlado por Matt mi baterista, que todos mis hermanos musicales estaban como inspirados y que la gente que llenó el lugar se enganchó por completo, se me olvidó por un rato, sólo un rato, lo que sucede en Venezuela. Estrenamos nuestra propia versión de Despacito, pero no pudimos transmitirla en vivo por problemas técnico-psicológicos, es decir, me emocioné cantando y cuando llegó la canción, se me olvidó pal´coño hacer la transmisión, pero está bien, quedan muchas otras oportunidades, además, habíamos ensayado una sola vez la vaina y la verdad, no estaba lista.
Entre set y set, la gente se acercó, hablamos y logramos conocer personas muy interesantes, de todas partes de Estados Unidos, incluyendo un nativo que bailó como si estuviese en trance, no pudo faltar el mexicano, siempre hay uno en cualquier lugar de este país y lo que más me sorprendió, luego de la pregunta consabida sobre mi lugar de origen, fue como todos me dieron su apoyo y me ofrecieron poner a Venezuela en sus pensamientos. Arrecho.
La gente sabe más de lo que todos pensamos o esperamos, la información va más rápido que la luz y alcanza todos los rincones, éste es un lugar que queda en el medio de la nada, en medio de un bosque, pero que lleva ahí más de 20 años y los vecinos se aparecen a beber una cerveza, a comer y a mirar el béisbol y aún, sabían lo que ocurre, me hicieron sentir un poco menos solo.
Le dediqué a mis guerreros de Venezuela cada nota que salió de mi garganta y de mi violín.
Cuando sacaba las cosas del carro para montar los equipos, el cielo de Maryland me regaló un recordatorio de que la tierra donde uno nació, no necesita ni siquiera de sonidos para levantarte la moral.
Ahora váyase todo el mundo al carajo, tengo un encuentro placentero con dos pepas para dormir y son las 2 de la mañana.
Toqué con La Única en un lugar en el estado de Maryland y como siempre, la música vino al rescate de mi integridad mental. Entre que teníamos un sonido genialmente controlado por Matt mi baterista, que todos mis hermanos musicales estaban como inspirados y que la gente que llenó el lugar se enganchó por completo, se me olvidó por un rato, sólo un rato, lo que sucede en Venezuela. Estrenamos nuestra propia versión de Despacito, pero no pudimos transmitirla en vivo por problemas técnico-psicológicos, es decir, me emocioné cantando y cuando llegó la canción, se me olvidó pal´coño hacer la transmisión, pero está bien, quedan muchas otras oportunidades, además, habíamos ensayado una sola vez la vaina y la verdad, no estaba lista.
Entre set y set, la gente se acercó, hablamos y logramos conocer personas muy interesantes, de todas partes de Estados Unidos, incluyendo un nativo que bailó como si estuviese en trance, no pudo faltar el mexicano, siempre hay uno en cualquier lugar de este país y lo que más me sorprendió, luego de la pregunta consabida sobre mi lugar de origen, fue como todos me dieron su apoyo y me ofrecieron poner a Venezuela en sus pensamientos. Arrecho.
La gente sabe más de lo que todos pensamos o esperamos, la información va más rápido que la luz y alcanza todos los rincones, éste es un lugar que queda en el medio de la nada, en medio de un bosque, pero que lleva ahí más de 20 años y los vecinos se aparecen a beber una cerveza, a comer y a mirar el béisbol y aún, sabían lo que ocurre, me hicieron sentir un poco menos solo.
Le dediqué a mis guerreros de Venezuela cada nota que salió de mi garganta y de mi violín.
Cuando sacaba las cosas del carro para montar los equipos, el cielo de Maryland me regaló un recordatorio de que la tierra donde uno nació, no necesita ni siquiera de sonidos para levantarte la moral.
Ahora váyase todo el mundo al carajo, tengo un encuentro placentero con dos pepas para dormir y son las 2 de la mañana.



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