Día 40, faltan 326
Día arácnido por completo, porque fui a rodearme de paisanos, de venezolanos, protestando por lo que los coñosk de madre esos están haciendo y debo confesar que me abrazaron la emociones y me pasó de toda vaina, bueno también porque se pusieron a cantar todas las canciones que yo no puedo ni cantar, ni siquiera oír; Venezuela, que la verdad no es que me guste mucho y coño, el himno, esa sí que es demasiado.
Y no es que me ponga triste, es que la arrechera es demasiado grande y no puedo hacer nada más que pararme ahí y gritar vainas, no joda, soñaba que llegaban unos chabestias malditos y querían hacer una contra demostración y se me armaba Navidad en julio. Pero no, no hay porquerías de esas aquí, aunque hay algunos que me encantaría que hicieran una contra demostración frente a mí, pero tampoco pasa, en este gran país, está prohibido voltearle la cabeza a patadas a alguien.
Habían unas cartulinas con formas de lápidas sobre las escaleras del monumento a Bolívar aquí en Washington, sobre cada una de ellas, el nombre y la fotografía de los caídos en estos 3 meses de lucha tiránica y libertaria, un montón de gente reunida y el Libertador observando desde su caballo, hubo palabras de aliento, gritamos consignas y nos encontramos con amigos, mientras todo eso pasaba, yo continuaba en mi sueño erótico, cayéndome a coñazos con los malditos chabestias.
Y es que las ideas a veces se me fijan en la cabeza y no me sueltan, estaba arrecho.
Llegó el final de la demostración y nos reunimos todos para una foto, una amiga comenzó a pasar las tumbas de cartulina y me tocó una a mí; la de Neomar Lander, héroe de 17 años.
La cartulina de repente pesó 2 toneladas y media de arrechera e impotencia, y entendí la dimensión del costo de esta pelea.
Aunque sé que la venganza no es sino veneno psicológico, ya lo he dicho antes y no me importa volverlo a decir: alguien va a pagarme por esos 5 minutos que tuve que cargar la tumba de un hijo... y voy a cobrar.


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