Día 41, faltan 325
¿Cuántas veces nos hemos quedado con las ganas de alguna vaina que teníamos en las manos?
Hoy estuve dando clases de español y mientras lo hacía, en Miami el pitcher de los Nationals, Gio Gonzalez, se estaba tirando no hit no run. Cuando terminé de trabajar y caminaba al metro, me dí cuenta de la vaina y entre estación y estación, refrescaba la página para ver cómo iba la cosa; en el noveno y con un picheo quebrado, le dieron el único hito que aceptó.
He de confesar que le menté la madre al bateador de las sardinas de Hialeah y me dio mucha arrechera, pero luego me puse del otro lado: ¡Qué jodido tenerlo ahí, a dos outs de la gloria y que se te escape!
Si yo fuese Gio, estaría como un loquito, lo cierto es que él tiene que saber lidiar con días como hoy, como nosotros lo hacemos con otras vainas. Todo reside en el manejo de las expectativas.
Una vez conocí a un bichito (pero no bichito a lo puertoriqueño, sino a lo venezolano) que me habló maravillas sobre las posibilidades de yo quedarme con un trabajo buenísimo, no joda, ya todo parecía dado, él era el jefe, el mandamás, el papirruqui. No joda, mis expectativas llegaron a la estratósfera.
Cuando llamé para preguntar empezó la caída, el jefe no era tan jefe, ni tan mandamás, ni tan papirruqui, tengo la impresión que terminó siendo un pendejo y mis expectativas me tiraron contra el piso cual jarrón chino.
No joda, pasé una semana queriendo largarme al carajo.
Pero aprendí, en medio de la arrechera comprendí que yo mismo me había metido en el hueco, esperando más de lo que un bichito podía dar, o quería dar, porque caben otras posibilidades, teorías conspirativas incluidas.
Que me joda el espíritu una situación igual, no ha sucedido más, que me hayan ofrecido villas y castillos sí, pero ya no espero lo mismo, ahora mido.
Me imagino que Gio, cuando salió al noveno, tenía las expectativas al 100%, también sabía que cualquiera puede dar un hit, son las grandes ligas coño, pero igual la arrechera debe ser extraterrestre, porque: ¿Qué coño es la vida si no esperas nada de ella?
Hoy estuve dando clases de español y mientras lo hacía, en Miami el pitcher de los Nationals, Gio Gonzalez, se estaba tirando no hit no run. Cuando terminé de trabajar y caminaba al metro, me dí cuenta de la vaina y entre estación y estación, refrescaba la página para ver cómo iba la cosa; en el noveno y con un picheo quebrado, le dieron el único hito que aceptó.
He de confesar que le menté la madre al bateador de las sardinas de Hialeah y me dio mucha arrechera, pero luego me puse del otro lado: ¡Qué jodido tenerlo ahí, a dos outs de la gloria y que se te escape!
Si yo fuese Gio, estaría como un loquito, lo cierto es que él tiene que saber lidiar con días como hoy, como nosotros lo hacemos con otras vainas. Todo reside en el manejo de las expectativas.
Una vez conocí a un bichito (pero no bichito a lo puertoriqueño, sino a lo venezolano) que me habló maravillas sobre las posibilidades de yo quedarme con un trabajo buenísimo, no joda, ya todo parecía dado, él era el jefe, el mandamás, el papirruqui. No joda, mis expectativas llegaron a la estratósfera.
Cuando llamé para preguntar empezó la caída, el jefe no era tan jefe, ni tan mandamás, ni tan papirruqui, tengo la impresión que terminó siendo un pendejo y mis expectativas me tiraron contra el piso cual jarrón chino.
No joda, pasé una semana queriendo largarme al carajo.
Pero aprendí, en medio de la arrechera comprendí que yo mismo me había metido en el hueco, esperando más de lo que un bichito podía dar, o quería dar, porque caben otras posibilidades, teorías conspirativas incluidas.
Que me joda el espíritu una situación igual, no ha sucedido más, que me hayan ofrecido villas y castillos sí, pero ya no espero lo mismo, ahora mido.
Me imagino que Gio, cuando salió al noveno, tenía las expectativas al 100%, también sabía que cualquiera puede dar un hit, son las grandes ligas coño, pero igual la arrechera debe ser extraterrestre, porque: ¿Qué coño es la vida si no esperas nada de ella?



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