Día 42, faltan 324

Me puse a pensar en que este pinche blog me hace revisar mis días, todos los días y la verdad, por más que se trate de hacer cada uno interesante, los hay fastidiosos, ayer por ejemplo.
No hice un carajo, hice lo que tenía que hacer, más nada.
Pero entonces me dije, coño, debe haber alguien cuyos días sean más fastidiosos que los míos, no sé, el encargado de limpiar aviones de un aeropuerto, el carajo de la taquilla del estacionamiento donde remolcan carros mal estacionados. Es una rutina en la que la psique no es que se sienta cómoda, pero se conforma, al menos temporalmente, hasta que llegue la hora de dormir y uno va mentando madre hora tras hora, porque fundamentalmente te gustaría estar jugando golf, o en un partido de béisbol.
Yo me pongo como objetivo, mientras voy en el autobús y en el metro bolivariano de Washington, pensar en una gran idea, alguna vaina extraordinaria, pero generalmente, me distraigo con otros pensamientos más profanos, o con la ciudad misma, o con los problemas, que son el pensamiento N°1 en el ranking de vainas que se te vienen al cerebro cuando vas sentadido sin hacer un carajo.
Definitivamente sería necesario hacer de este tiempo algo más útil, yo sé que hay un millón de sugerencias para luchar contra la rutina, pero coño, lo jodido no es cambiar la rutina, esa vaina es fácil, lo difícil es separarse uno no de los objetivos de la rutina, sino de todos los trámites de la misma.
Yo sé que me puedo montar en otro autobús, ir a otra parada, caminar, montar bicicleta, pero coño, tengo que llegar al mismo sitio, puedo escuchar otra música, fijarme en los edificios o leerme un libro, pero el viaje me va a llevar y a traer a los mismos lugares, claro, no es que me voy a escapar de mi casa y llamar a Adriana mi esposa desde África porque me uní a la Legión Extrajera, pero me encantaría hacer otra vaina, no sé qué y no pregunten, porque me hacen arrechar.
Voy a estudiar sobre la rutina, aunque quizás toda esta vaina la estoy escribiendo porque el bullpen de los Nationals volvió a tirar el juego a la basura, pero tal vez no, mañana les diré, pero hoy, estoy como harto de esta cara de pendejo que llevo en el maletín mientras el operador del metro vuelve a masticar el nombre de la siguiente estación sin que nadie entienda un carajo.


Comentarios

Entradas populares