Día 47, faltan 319

Domingo de estrés por los acontecimientos de Venezuela, pasé todo el día trepado a las paredes, pero no usé la máscara, lo que significa que estoy avanzando en mi lucha contra el síndrome, por lo menos mis Nationals le cayeron a palos a los Cachorros de Chicago y me alegraron el día.
A final de la tarde, mi esposa sugirió que fuésemos al cine, mi hija se va mañana a Suiza a ver a su tía y tendré suficiente material para escribir, no joda, eso sí es estrés. Decidimos ver The Valerian, la última película de Luc Besson, coño, este pana hizo The Fith Element, una de mis películas favoritas, así que fui con altísimas expectativas, además hizo Lucy, que es muy entretenida también.
La vaina empezó chévere, con unas escenas impresionantes y súper bonitas, arrecho dije, pero luego salieron los protagonistas y se jodió todo. No es que sean malos actores que lo son, él mucho peor que ella, es que los diálogos son peores que los de Trump, ridículos, obvios, aburridos, parecen sacados de una de esas páginas web de frases. ¡No joda, que arrechera!
Ni siquiera las imágenes de ella en bikini fueron suficientes para compensar el desastre, la verdad tiene que comer un poquito más de pasta, yo personalmente hubiese puesto a Marjorie de Souza en el papel, pensé entonces, que es mejor no decir un coño, si no tienes nada que decir.
Las historias tienen que ser coherentes y no una cobija de parches, hay personajes que aparecen, dicen una vaina medio interesante o cómica y luego no vuelven a salir en la película, hay situaciones tontas, que no resuelven nada, aparece el personaje que hace Rhiana, a quien sí vale la pena ver, pero la matan de una forma absolutamente estúpida. Se me cayó Besson hasta el foso.
Ir al cine puede ser o un desastre o una gran experiencia, si la película es buena, todo va bien, incluyendo la comida, si la película es mala, no joda, la pinche pizza que me comí era no mala: ¡Malísima!
Pensé luego en lo jodido que es mantener el éxito, puede ser más jodido que alcanzarlo, para los inmortales quizás no importe, pero para los pendejos como yo, si algún día alcanzamos el estrellato, es mejor hacer un montón de plata en esa oportunidad, porque la verdad, puede ser la única.
Ya yo soy un ídolo, ahora hay que mantenerse, pero tengo una ventaja que Besson no tiene más; soy anónimo.
Au revoir Luc.




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