Día 54, faltan 312

El día pintaba por debajo del promedio, recuperándome del ataque de un grupo de violentas cervezas y hostiles tragos de whiskey, de lo ocurrido en Charletosville y de la lesión de Bryce Harper, aún estoy arrecho por los hechos, pero gracias a los dioses del béisbol, Bryce quizás pueda volver a tiempo para los playoffs porque la lesión no es tan grave como lució en el video de su caída, con respecto a los nazis y los contra nazis, yo tengo ideas maravillosas de cómo ponerles disciplina a todos, pero ninguna es, ni cristiana, ni legal.
Lo cierto es que el día lo salvó, como siempre lo hace, mi hermano Alfredo Romero, porque me dio un objetivo para despertar la mitad del cerebro que tuve dormida buena parte del día: apoyar a nuestro violinista Wuilly Arteaga, me sugirió que me grabara tocando violín, pero luego, en el proceso de pensar qué carajo tocaba, se me ocurrió que, estando casado con la violinista más bella del mundo, podía ahorrarle a la humanidad un minuto de mi horrible cara haciendo algo junto a ella, así que en poco tiempo y gracias a su talento, pudimos decidir qué hacer y luego de varias iteraciones, llegamos al arreglo que más nos gustó, puse el teléfono a grabar y listo, lo hicimos.
Mi día tuvo sentido porque ese carajo, que es un héroe de los derechos humanos y tiene 100 mil vainas en qué pensar, todavía tiene tiempo para sugerirle a su amigo una vaina que cambia su historia personal, así, en un suspiro, en una pendejada.
¡Arrecho!
Por eso digo que uno puede ser un tonto, pero si te rodeas de gente arrecha, pues pasas como si tú también fueses la gran vaina y no es que me menosprecie, pero mis amigos son una vaina de otro mundo, si pudiera venderlos, no joda, no estaría escribiendo este pinche blog un coño y me la pasaría en la lancha de al lado de la del millonario italiano, ese que está tatuado, jodiendo en el Mediterráneo.
Hay que estar conectado y activado todo el día, todos los días, con energía ilimitada, si quieres cumplir tus objetivos, sobre todo si entre otros, éstos son socorrer a las víctimas de una dictadura asesina, dedicada al narcotráfico. 
Y luego: ¿Cómo coño no hacer algo por ese carajito que le ha puesto música a la lucha? 
Como si fuera un tamborilero de ejército del siglo XIX, pone el pecho por la libertad. Mejor no sigo escribiendo, porque el tema Venezuela es un disparador de micro arrecheras...
Si no lo han visto, aquí les pongo el vínculo.




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