Día 55, faltan 311

A un amigo de la infancia se le ocurrió ponerse  alborotar el pasado lejano, pero coño, lejano, algo así como Colón + 15 días y se encontró con unas fotografías increíbles de cuando éramos, peludos, millonarios y sobre todo, felices, en un lugar que parece una vaina así como la escuela de Harry Potter, es decir, no sabemos si existe o no, si es un sueño o no. Lo cierto es que este amigo mío,  hoy en día un musicazo y corazón de Bacalao Men, una de las mejores bandas paridas en Venezuela, me llevó hasta mi infancia y la vaina me puso muy contento. ¿Qué carajo iba a imaginarme yo que 41 años después, iba a estar escribiendo sobre esos días desde Virginia?
No joda, hay una expresión en inglés perfecta para la ocasión: What a long shot this was.
En 1976, me fui por primera vez con el resto de los 500 miembros originales de la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela a la Ciudad Vacacional Los Caracas, habían unas cabañas buenísimas, un gigantesco comedor, salones para convenciones que usábamos para ensayar y claro, jardines, parques y hasta la playa, donde íbamos a joder, a descansar y hasta a estudiar, porque la vaina no eran vacaciones, no, era un retiro espiritu-musical-estudio-psicológico, cuyo objetivo final era dar una serie de conciertos en Caracas, no recuerdo si en el Aula Magna o en nuestra sede, la entonces inconclusa sala José Félix Rivas.
Coño, a raíz de la foto, se me han venido una serie de memorias que no esperaba un lunes carajo, las mismas están más acordes con el humor de un viernes, de manera tal de poder echarme un trago para celebrar, pero bueno, no se puede escoger cuando le da un patatús sentimental a uno. En las fotos hay gente que quiero mucho aún, hay quienes se fueron  con sus padres al final del último día del retiro y no los vi nunca más, otros, se quedaron en mi vida, directa o indirectamente, pero siempre con un halo de casualidad que es medio desesperante, es decir, como si yo no hubiese tenido ni voz ni voto en esa ocasión, aunque tiene sentido puesto que éramos todos unos bebés.
Me gustaría escoger un nombre de esos que se perdió en el tiempo y volverme detective por unos días, puede ser una vaina verdaderamente entretenida y quién quita, al final y quizás conecte las vidas de gentes que se conocieron por siempre y lo olvidaron.
Otra vaina que deja en claro la foto de mi amigo Pablo Estación es que yo no nací calvo. ¡No joda, qué bella mi cabellera!

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