Día 56, faltan 310
Encontré una oferta de trabajo casi que hecha a mi medida, todo parece dibujado, alineado y hasta diseñado para mi, pero no voy a engañarme, no joda, van 10 pinches años que me han enseñado, entre otras vainas a no esperar mucho, como ya escribí en otra publicación, pero la verdad es que esta vez hay algo diferente, bueno, para empezar mi actitud y es simplemente porque he cambiado en formas que no me había fijado.
Para empezar, si bien hay cosas que me urgen y que me arrechan y desesperan, ya no tengo esa sensación medio fatalista del emigrante, el no saber qué hacer, a dónde ir o cómo lograr algo, el que diga que eso es fácil, no tiene ni idea de lo que dice, luego, profesionalmente soy otra vaina muy distinta al carajo que salió de Caracas y aterrizó en Washington, me imagino que es la evolución, es la adaptación, aunque coño, nunca he sido muy bueno con la vaina esa que dice: si del cielo caen limones, haz limonada. Puede que sea bueno adaptándome, pero definitivamente no sé hacer limonada, ya he escrito antes acerca del cambio de carrera.
Tampoco soy el mismo tipo, físicamente hablando, hay 20 kilos entre uno y otro individuo, pero el gordito era más joven. Calvo ya era, así que no jodan con eso por favor. Lo que sé y lo que no sé es más voluminoso en ambos casos, creo que he ido entendiendo la sociedad y cómo se cocinan las habichuelas aquí, aunque todavía hay muchas cosas que se me escapan.
Finalmente, no tengo miedo a un carajo ya, las mismas circunstancias en las que hemos progresado como familia, me hacen pensar que somos gente arrecha. Punto. Lo demás es lujo.
En fin, todas estas pendejadas las escribí para contarles que la dichosa oferta de trabajo expira el viernes y claro está, voy a enviar mis credenciales antes de la hora final, aunque coño, la verdad me siento como desarmando una bomba y tengo el reloj que me dice que me apure; deséenme suerte aunque sólo sea un gesto, porque al final será una desgraciada computadora, la que decidirá mi felicidad y no una persona.
Sí, en eso también cambié, antes mentaba madres y me ponía mi máscara arácnida no más hacer clic en "enviar", creyendo que mi hermosa carta, plagio absoluto de algún ejemplo que había encontrado en la red, era suficiente para enamorar a una funcionaria a quien imaginaba aburrida, viendo por la ventana de algún edificio oscuro de la capital imperial.
Luego les cuento cómo me fue.
Para empezar, si bien hay cosas que me urgen y que me arrechan y desesperan, ya no tengo esa sensación medio fatalista del emigrante, el no saber qué hacer, a dónde ir o cómo lograr algo, el que diga que eso es fácil, no tiene ni idea de lo que dice, luego, profesionalmente soy otra vaina muy distinta al carajo que salió de Caracas y aterrizó en Washington, me imagino que es la evolución, es la adaptación, aunque coño, nunca he sido muy bueno con la vaina esa que dice: si del cielo caen limones, haz limonada. Puede que sea bueno adaptándome, pero definitivamente no sé hacer limonada, ya he escrito antes acerca del cambio de carrera.
Tampoco soy el mismo tipo, físicamente hablando, hay 20 kilos entre uno y otro individuo, pero el gordito era más joven. Calvo ya era, así que no jodan con eso por favor. Lo que sé y lo que no sé es más voluminoso en ambos casos, creo que he ido entendiendo la sociedad y cómo se cocinan las habichuelas aquí, aunque todavía hay muchas cosas que se me escapan.
Finalmente, no tengo miedo a un carajo ya, las mismas circunstancias en las que hemos progresado como familia, me hacen pensar que somos gente arrecha. Punto. Lo demás es lujo.
En fin, todas estas pendejadas las escribí para contarles que la dichosa oferta de trabajo expira el viernes y claro está, voy a enviar mis credenciales antes de la hora final, aunque coño, la verdad me siento como desarmando una bomba y tengo el reloj que me dice que me apure; deséenme suerte aunque sólo sea un gesto, porque al final será una desgraciada computadora, la que decidirá mi felicidad y no una persona.
Sí, en eso también cambié, antes mentaba madres y me ponía mi máscara arácnida no más hacer clic en "enviar", creyendo que mi hermosa carta, plagio absoluto de algún ejemplo que había encontrado en la red, era suficiente para enamorar a una funcionaria a quien imaginaba aburrida, viendo por la ventana de algún edificio oscuro de la capital imperial.
Luego les cuento cómo me fue.


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