Día 61, faltan 304. Domingo 20 de agosto.
Mi esposa preparó de almuerzo una verdadera obra de arte, una canoa de frutos del mar en piña, no joda.
Quedé completamente full y feliz, hace tiempo que no comía tan rico de verdad.
Luego llegó mi amigo Fabián y comenzamos a hablar de negocios, él es mi socio en Bald Men Bold Ideas, bueno, no hablamos precisamente de negocios, sino de cómo carajo mover la ruedita, aunque sea un poquito coño, hacia adelante preferiblemente; mientras conversábamos, empezamos a traer analogías o mejor dicho, metáforas de las vainas que a veces nos impiden echarle bolas a las cosas y resulta ser que utilizamos la misma figura: un perro.
A mi amigo un perro negro lo muerde, no joda le dije, mi perrita no muerde a nadie, pero no era ella, sino un can distinto, me imagino que el cancerbero de la mitología griega, metáfora vieja no joda, pero efectiva.
Yo soy mucho más prosaico, yo a veces pienso que hay en la cima del cielo un perro que me vigila y que cuando voy a hacer una vaina, irremediablemente, me hace pipí encima. La metáfora se me ocurrió hace mucho años porque bastaba que yo dijera que iba a la playa, para que empezara a llover, yo era adolescente o aborrecente, pero luego me quedé con la historia para significar o darle forma a la mala suerte.
Claro, nos dio mucha risa la vaina, pero puede que, teniendo la misma figura mitológica jodiéndonos la paciencia, podamos encontrar una forma de superar los obstáculos más fácilmente, podríamos para empezar, meter a los pinches perros en cintura, pero con cariño, soy amante de los canes, esto significaría hacer las vainas sin miedo coño; así decidimos actuar de ahora en adelante, como el elefante.
Uno queda entusiasmado luego de reuniones así y la verdad es que tenemos buenas perspectivas.
Mientras tanto, usaré paraguas, porque el dichoso perro, no moja, pero empapa.


Comentarios
Publicar un comentario