Día 71, faltan 294. Miércoles 30 de agosto.
Se acabó la separación, la reina de esta casa, centro del universo, razón de ser de la madre naturaleza, ha regresado por fin al nido de mami y papi, es decir, mi hija volvió de sus vacaciones con su tía adorada en Europa.
De todas las vainas de ser emigrante la que más odio es la separación, en algunos casos es para siempre, en otros guinda de un vago "hasta siempre", en algunos permanece la pinche esperanza de que pronto se renovarán los cariños, lo cierto es que la separación es horrible, mi hija me contó que su tía, quien la adora porque además parece más hija de ella que mía, se quedó muy triste al verla partir. ¿Cómo coño no, si lo que viene es la separación?
El otro día contaba que mis padres se sorprendieron por la facilidad con que me desaparecí el primer día de escuela mientras ellos esperaban una llorantina total del niño consentido, claro, no hubo llanto porque quizás yo sabía que papi y mami iban a estar allí para recogerme al final del día, yo tenía eso seguro, por lo cual, no tenía ningún motivo para preocuparme. ¿Pa´qué carajo llorar?
Pero cuando hay miles de millas entre un hola y un adios, la vaina no es fácil. Seguramente vamos a ir a visitar a mi hermana pronto, sobre todo porque vivimos en países estables, que tienen gobiernos medianamente serios, aunque todos los gobiernos son malos, ella está en Francia, yo es Estados Unidos, pero hay miles de millas, kilómetros, horas, entre ambos.
Mi hija la pasó bomba, es una niña que ha viajado más que yo, cosa que no es difícil porque yo no voy a ningún lado, aunque esperemos que eso cambie pronto, mi hermana sintió ese cariño que sólo la familia de sangre da y yo, me siento feliz, porque la separación salió jodida en esta historia.
Ahora voy a esperar para derrotarla una vez más cuando tenga a mi mamá aquí, voy a abrazarla todo el día como si fuera una camisa.



Comentarios
Publicar un comentario