Día 72, faltan 293. Jueves 31 de agosto.

Un día como hoy, hace 20 años, Adriana decidió aceptar mi invitación a salir por ahí, yo tan romántico como siempre he sido, la invité a un lugar que me encantaba: el bar Dogout. ¿Para qué? Para explicarle todo lo necesario sobre el béisbol. En ese momento he de confesar, que me parecía importantísimo compartir con alguien a quien le gustarán las mismas vainas que a mí, no había cabida para alguien que soltara algo como; "no me gustan los deportes", o "la salsa es para marginales". ¡Santísima Virgen!
Eso era herejía para mis estándares, pero claro, todo era pendejadas de carajito, para serles honesto, a Adriana no le gustaba el béisbol y aunque no despreciaba a nadie, porque ella es perfecta claro, tampoco era que tenía tatuado "Rubén Blades es el jefe" en la espalda. Conversamos mucho, le expliqué mi teoría de que Dios hizo el béisbol y por eso es perfecto, ella me escuchó y en el ínterin, nos bebimos unas coronitas con limón, que por cierto le encantaron, al final, de alguna manera, yo supe  que quería salir con ella otra vez al día siguiente y el día después, y el siguiente.
Luego la llevé a su casa, la acompañé a la puerta y me fui sin querer irme, como siempre me pasó mientras  fuimos noviecitos, lo que duró escasos 4 meses, porque esa Navidad le dije que se acababa la "guachafita" y que ella sería la señora Bernal o mejor, que yo quería ser el señor González.
Ese día el mundo se sacudió porque la princesa Diana de Inglaterra, el mayor ícono pop de la época, moría en un túnel de París, pero mi existencia cambió para siempre porque tomé la mejor decisión de mi vida... ¡Explicarle a la mujer de mi vida lo que era el béisbol!
Todavía no le gusta, pero qué carajo, son apenas 20 años, me quedan una pila para hacerla comprender la grandeza del deporte.

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