Día 74, faltan 291. Sábado 2 de septiembre.

Pasé todo el día con la resaca de la presentación anoche de La Única. Como siempre y no es porque sea mi proyecto, se nos acercaron personas a decirnos que éramos la mejor banda que habían escuchado en sus vidas, increíble sensación esa de ser halagados de tal manera, pero también me produjo una arrechera muy grande porque no estamos donde esos halagos nos ponen y no es que esas personas sean críticos musicales, no, son personas que van a disfrutar de una cerveza, muchos de ellos de casualidad y cuando oyen la música, pues se quedan.
Pasé todo el día pensando en esto y claro, me empujé a mí mismo a tomar algunas decisiones, pero igual, también pensé en los días en que no hicimos un carajo, porque como todo equipo, una banda es como tener una familia extra, con todas las vainas que vienen con ello, claro, mis hermanos son unos carajos muy arrechos todos, mejores personas que músicos y mira que haciendo música son jodidamente buenos, pero en toda familia, hay momentos buenos y malos.
Se me instaló una idea en el cerebro: ¿Qué coño pasaría si fuésemos como el día? Vienes, estás un rato y ya, desapareces.
Si no pasó un carajo, pues nadie se acordará de tí, si pasaron muchas cosas interesantes, coño, otro cantar, puedes volverte un día inolvidable, la gente se tomará fotos, lo escribirán en Facebook, Twitter, en los diarios, puedes volverte un día feriado, fecha patria. No me mal entiendan, no voy a abandonarlo todo y unirme a la Legión Extranjera por aquello de la crisis de la mediana edad, aunque la tengo a millón, pero nunca está de más reflexionar sobre lo que haces en este breve tiempo en que vienes a joder la paciencia en este plano cósmico.
Definitivamente se me ocurren mucha vainas para hacer con respecto a La Unica, y mejor me pongo en eso antes de que empiece a pensar que en vez de un día, soy una hora.
¡Coño, eso sí que da miedo!

  

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