Día 88, faltan 277. Sábado 16 de septiembre
Y llegó el día. Hoy fue la fiesta de máscaras para celebrar los quince años de Isabel.
Adriana y yo nos acostamos a dormir el viernes a las 2 de la mañana, nos levantamos temprano para terminar de arreglar las cosas en el salón de fiestas, ella se encargó de la decoración, yo de la música y de cargar toda vaina; el salón está a escasos 200 metros de casa, pero coño, cuando haces el trayecto 20 veces, ya empieza a sentirse como maratón.
La caballería apareció empezando la tarde, Lisbeth nos trajo las bombas y Marisol se encargó de la iluminación y los efectos especiales, toda vaina hecha en casa, con cariño, en familia y es que mis cuñados manejaron 12 horas desde Massachusetts, solamente para estar con nosotros este día y además llegaron lo suficientemente temprano como para echarnos una mano, Quedó todo magnífico, el trabajo valió la pena.
La gente llegó puntual, las mesas de comida lucían perfectas carajo, si la gente supiera el trabajón que dio, repeticiones infinitas de los mismos movimientos, cada pedacito de pan, con la cosita de jamón encima, y luego los chocolates y después los quesos,"ponlos aquí... ¡No! Allá... Mejor más acá", carajo, una termina perdiendo la cabeza y los amigos cercanos, que están más frescos, toman el control del evento, porque uno ya no sirve pa´un carajo.
Este es el ensayo más importante antes de la boda, sólo que espero tener plata suficiente para contratar a un profesional que se encargue de todo y que lo pague el novio, no joda.
Cuando después caminaba saludando gente en la fiesta y veía a Isabel con todos sus amistades, feliz, se me olvidaron las pendejadas que me torturan y que cuando se comparan con las bendiciones, no son relevantes. Igual se me olvidó echarme los tragos, aunque me lo prometí, me dediqué a servir a los demás y a estar pendiente de los "segmentos" de la fiesta, importante, como productor, tenía que producir, así, bailé mis valses con mi nena y luego le canté su canción, una que escribí hace como 25 años, sin imaginarme siquiera que iba a tener una hija llamada Isabel.
Bailar el vals, mi mamá me enseñó porque llegaron los quince de una novia que tuve y me salió bailar, desde entonces, no lo olvidé, en esta ocasión tan especial, tuvimos además la suerte de que Adriana recibió unos valses hechos a la medida de Isabel por un talentoso pianista venezolano, una belleza papá.
Todo el mundo gozó, la cumpleañera la pasó de maravilla, y yo, agotado, pero contento, desconecté el último cable que me quedaba sano en la cabeza para poder dormir, antes de hacerlo pensé en mis hermanas, en Mami y por supuesto en Papi, quienes hubieran sido inmensamente felices esta noche.
Ya pondremos todas las fotos y videos en Facebook.
Oopss... se me acabó la bater...



Comentarios
Publicar un comentario