Día 93, faltan 272. Jueves 21 de septiembre
Un buen amigo que vive en México nos describió en un chat, con palabras y letras, el minuto y tanto que vivió durante el terremoto. Coño.
Y uno quejándose de vainas irrelevantes, usando la expresión "me movieron el piso", arrecho, mi amigo tiene dos niños pequeños y tuvo que tomarlos por los brazos para protegerlos, en esos segundos de terror absoluto, cuando como padre no piensas sino en su seguridad, tienes además 50 mil vainas que se supone, debes hacer durante un terremoto, que si corre al techo, que si métete debajo de la mesa, que si aléjate de las ventanas, no joda, me imagino que hay una guía absoluta, aprobada por la organización internacional que corresponda, pero en esos instantes, el instinto te indicará una vaina, quizás la última que leíste en la página web comoescapardeunterremoto.com, puede ser "métete en el clóset", quien sabe. Lo cierto es que mi amigo, un carajo mucho más inteligente que yo, supo qué hacer y lo hizo con determinación y coraje, cuando no el piso, sino toda vaina se sacudía a su alrededor.
Vale decir que él vive en un piso 15. No joda hermano.
Nunca he experimentado esa sensación, quiero decir, la del estremecimiento total, físico, incontrolable, en 4 dimensiones, y la verdad, espero no hacerlo nunca, aunque podría ser interesante, educacional y hasta terapéutico, el construir un simulador que nos permita hacerlo. De acuerdo al Instituto Geofísico de Ecuador, que fue el primero que saltó en mi búsqueda simple en Google, las recomendaciones parecieran alinearse con los instintos animales de supervivencia y parecieran ser las mismas que todos sabemos, pero por ejemplo, yo no sabía que había que agarrarse con fuerza para evitar rebotar por el lugar.
El cerebro "emocional" es el encargado de mover nuestro cuerpo en situaciones de máximo estrés, de esas arrechas cuando el miedo es la gasolina
Por eso es tan admirable lo hecho por mi amigo y por millones de mexicanos, en medio de la peor sacudida que se ha tirado el universo en los últimos cien años, no dejaron que el miedo los jodiera, no señor, y lo miraron a la cara para decirle: ¡Púdrete cabrón!



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