Día 109, faltan 256. Sábado 7 de octubre

Hay gente que vive la vida y otra que lo intenta; mis cuñados José y Cunti la viven y saben de esto, porque no importa cuales sean las circunstancias, ellos siempre te regalan una sonrisa y ven primero porque todos los demás estén bien, para después ocuparse de ellos mismos, esta actitud ante la vida tiene algunos efectos secundarios, como por ejemplo, el despiste. Sólo que cuando ellos se despistan lo hacen de forma épica, pero con una clase incomparable.
Hoy, para nuestra más absoluta felicidad, José y Cunti vivieron un episodio que los trajo directo a nuestra casa, habían decidido ir a un Boat Show y sin pararle muchas bolas a la ubicación del evento, se montaron en su carro y comenzaron a manejar hacia el sur, salieron a buena hora, pensaban ellos, pues, qué carajo, en 4 o 5 horas, estarían allá, mecánicamente, pusieron la dirección en su GPS y listo.
En sus cabezas, 4 o 5 horas eran suficientes para llegar hasta Annapolis, Maryland, qué coño, ellos estaban en Massachusetts y al sur están Connecticut, Nueva York y claro: ¡Maryland!
Se olvidaron de Nueva Jersey, Pennsylvania y Delaware.
Cuando las 4 o 5 horas se convirtieron en 10, y se dieron cuenta del despiste, comenzaron a reírse, yo me hubiese muerto de una arrechera indescriptible y mi esposa hubiese tenido que encerrarme en una jaula, pero ellos, no, ellos se rieron y eso es lo que los hace tan extraordinarios.
A la mañana siguiente nos llamaron y nos contaron lo sucedido, por supuesto que nosotros corrimos a verlos y así, por sorpresa, pasamos el día con ellos, lo que me hace mucho bien, porque la verdad los quiero más que el carajo, además, terminé mirando un montón de veleros, lanchas, botes y hasta balsas que, de otra forma, jamás me hubieran interesado, comimos rico en Annapolis y luego, cenamos juntos en casa.
Ojalá vivieran en la casa de al lado.

Mi familia.

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