Día 96, faltan 269. Domingo 24 de septiembre.

¡Qué vaina tan buena es esperar una cosa y que suceda algo mejor aún!
Desde que llegué a Virginia y gracias a los amigos que me adoptaron, me convertí en fanático del fútbol americano, más específicamente, de los Washington Redskins, una organización bolivariana sin duda, cuyo dueño es probablemente el carajo más odiado por nosotros los fans de su propio equipo y que a veces toma decisiones que parecen más apropiadas para un enemigo del equipo que para su máxima autoridad.
Para los que no sepan nada del deporte, déjenme decirles que el juego es fascinante, muy arrecho y los jugadores son al menos dos vainas; unos verdaderos atletas y unos locos del carajo, porque cada jugada es una matazón horrible e implica choques de cabezas, huesos rotos, sangre, etc. La verdad no sé cómo coño sobreviven el día. La liga es como una mafia, parece verdaderamente el imperio del mal, todo lo controlan y de todo hacen dinero; alguien dijo una vez que la NFL le había arrebatado los domingos a Dios.
En todo ese marco, mis Redskins son un pinche equipo que no gana desde 1992, el equipo ha dado tumbos desde que el actual dueño lo adquirió y nosotros los fanáticos estamos acostumbrados a que pocas vainas buenas pasen, hasta hace 2 años que encontramos un jugador y un coach que han traído cambios, hoy, se esperaba que perdieran el juego contra Oakland, pero no, para la total sorpresa de todos, los grandes carajos le pasaron por encima a un equipo que lucía superior y lo dejaron en ridículo, lesionado, escoñetado.
Me puse más contento que perro con dos colas, porque me acordé de mis circunstancias recientes.
¡Es una vaina buenísima llevarse una sorpresa positiva!
Una sorpresa es una explosión de adrenalina que, sea buena o mala, siempre es hasta cierto punto divertida. Lo inesperado nos lleva a los extremos emocionales y nos ensaña siempre una lección, buena o mala, pero alguna pendejada aprendemos.
La temporada apenas empieza y la sorpresa, dependiendo de lo que suceda luego, se transformará en alguna otra vaina o quedará como eso, una cosa que no debió pasar pero pasó. Pues, así mismo es la calle, al final de la temporada, hablamos.

Kirk Cousins destrozando a los Oakland Raiders

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