Día 99, faltan 266. Miércoles 27 de septiembre
Quizás por alguna vaina que comí antes de dormir soñé con un montón de gente que conocí cuando era niño, 11 o 12 y que por circunstancias de la vida, más nunca vi o los volví a encontrar jamás, ¿se han preguntado cuánta gente han conocido y luego desconocido a través de los años?
Debe haber alguna forma de encontrar a esas personas, porque recuerdo haber tenido sentimientos hacia ellas, bueno, los sentimientos que un niño tiene, coño, jugar, echar vaina, montar bicicleta, son amistades fantasmales, así las voy a llamar, porque uno tiene quizás un nombre, pero ni de vaina la cara o la cara, pero carajo no das con el nombre, después, los recuerdos son vagos, son sitios, situaciones o instantes, no más de eso, pero uno no sabe si esa persona guarda el mismo momento en su memoria, quizás se acuerde de un instante después o antes y entonces, ya no habrá nada en común.
Esta vaina es fascinante y la verdad, creo que me voy a poner de ocioso a buscar a alguna de esas personas de quienes sólo tengo un detalle, una pendejada y más nada, habrá que indagar, preguntarle a quienes estuvieron alrededor, quizás hayan testigos, mirones, curiosos o de repente, hasta descubreo otra amistad de quien mi cerebro no rescató nada, hasta ese momento.
En una investigación como esta habrá que ir con mucha cautela, recuerdo una vez en que me encontré a la mamá de una amiga, y cuando le pregunté por ella, lo primero que me dijo era que ella estaba casada, luego de explicarle que yo también, fue que me contó cómo estaba mi amiga. Uno no sabe quién lo anda buscando, quizás alguien soñó con un carajo bello y alto, que obviamente no soy yo, pero tal vez, yo era el que estaba más atrás, en la foto vieja de un cumpleaños que vio en el sueño, de repente, en algún paraje lejano, alguien puede estarse preguntando: ¿Cómo se llamaba el coño de madre aquel?
Es posible que la cuarta dimensión no sea otra cosa que esos pensamientos que de repente, por una incontinencia del subconsciente, resurgen y nos intrigan, definitivamente, estamos todos siendo observados por una persona que, nos conoce y no se acuerda, no nos conoce pero cree acordarse de uno o un perfecto desconocido que nos recuerda a alguien más.
Hay que sonreír siempre para la cámara de la vida, debe ser bien emocionante saber que, en ese paraje lejano, en medio de la noche alguien por fin gritó: ¡Gonzalo, el carajo se llamaba Gonzalo!
![]() |
| Hay alguien observándonos... |



Comentarios
Publicar un comentario